martes, 3 de noviembre de 2020

TUPAC AMARU Y TUPAC KATARI EN TACNA.

 TUPAC AMARU Y TUPAC KATARI EN TACNA.

Los capitanes o jefes rebeldes Juan Buitron y Ambrosio Ali
Juan Buitrón Nació en Codpa en 1742, pues contaba con 8 años de edad al momento de realizarse la Revisita de Joaquín de Cárdenas, de 1750. Su madre Barbará Asango aseguró tener 43 años en aquel censo, además de sus hijas Bartola de 6 años, Asencia de 4 y Rosa de 1 año. Doña Barbará apareció en el informe de la Revisita en la categoría de “Viudas”, del ayllu Capanique, esto sugiere que el padre de Juan habría fallecido hace poco, en 1749, a una edad semejante a la de ella (Hidalgo, Jorge y Angela Flores, 1978). Por tanto, fue su abuelo Juan Buitrón de Azango o como registra Jorge Hidalgo “Juan de Azango”, el principal de Codpa, quien se trasladó a dicha zona debido a que el cacique Cañipa le habría arrebatado el acceso al cargo de Cacique con el apoyo decidido del corregidor de la época.(Codpa es una localidad ubicada en la comuna de Camarones, Provincia de Arica, que forma parte de la Región de Arica y Parinacota, al norte de Chile. Es una localidad de origen prehispánico. Está ubicado en la sierra, en el alto curso de la quebrada de Vítor con clima templado y agua pura a 1,852 msnm).

Ambrosio Ali Ali, era un indígena principal del ayllu yunga de Tarata, casó con Inés Chura y tuvo dos hijos llamados Eusebio y Ascencia (ADT. Juzgado Eclesiástico, 1780). Insinuamos el protagonismo de este jefe o jilakata yunga, pues el ejército tupacamarista y katarista estaba formado bajo el principio de la jerarquía étnica; por ello a la falta del cacique principal Pedro Copaja, por defección o traición, pudo o tuvo que sucederle uno de los principales y este era Ambrosio Ali. En los años precedentes a la insurrección, este líder indígena local había ocupado del cargo de Alcalde Mayor, al parecer gozaba del aprecio de la población, pues en los libros parroquiales de bautizos y matrimonios aparece reiterativamente como padrino de muchas personas de los ayllus de la cuenca de Tarata. Algún historiador local propone que este líder Ali habría sido natural de Tarucachi, basándose en la abundancia del apellido en este pueblo. La antigua nominación personal Ali, nos sugiere un origen yunga o puquina, que luego se convirtió en apellido por orden eclesiástica tomando la forma castellana Ale a partir de 1797, coexistiendo paralelamente junto al original, de acuerdo a los registros parroquiales de la época.
Debemos a Carlos Basadre (1863) la primera referencia escrita –desde 1863– sobre este precursor tucacamarista tacneño; aunque no trajo noticias de Buitrón. Este autor decía sobre la actuación de Ali:
“Los indígenas de esta provincia siguieron el movimiento general de las insurrección. Los pueblos de Tarata, Candarave, Ibarra, Belén, y demás cabeceras de los valles amenazaban descender sobre Tacna y Arica; algunas partida bajaron hasta Pachía, y se abrigaban fundados temores de que los indios de los valles de Tacna, encabezados por un Ali, que gozaba entre ellos de alguna influencia, se levantaran de un día a otro, de acuerdo con los insurrectos de los Altos, y acabaron con la población española. Era al sazón corregidor de esta provincia un señor Ordoñez, sujeto no muy sobrado de energía, que tuvo por conveniente emigrar a la vista del peligro y situarse en Ilo, donde no podían alcanzarle las balas de los indios.”

Candarave durante la revolución de Túpac Amaru II y Túpac Catari
La participación heroica de los hijos de Candarave, como Tarata, en primer término está registrada documentalmente en el Informe que presentó al Dean y Cabildo de Arequipa el cura propio de la doctrina de San Juan Bautista don Pablo Cuadros en febrero de 1781. En este documento manuscrito señala el religioso que “mis indios (estaban) inficionados con el contagio del rebelde Túpac Amaru, a quien en virtud de su carta por las Carnestolendas rindieron obediencia y como constituidos en vasallos suyos se convocaron contra el corregidor y españoles de Tacna”. Señala que el Alcalde de naturales de Candarave estaba comprometido con la insurrección; revela que había ocho capitanes con una vasta tropa levantada en la plaza, y que la mitad de ese grueso de gente se dirigió a Tarata para levantar a la gente. Añadió con mucha exageración y subjetivismo que “muchos indios de Catari mataron al cacique y a varios españoles”. La verdad es que el cacique de Tarata no se encontraba por entonces en su pueblo

Tarata durante la revolución de Túpac Amaru II y Túpac Catari

La participación heroica de los hijos de Tarata, Tarucachi, Estique, está registrada documentalmente en el Informe presentado al obispo de Arequipa por el cura Juan Gonzáles Moreno, que visitó el curato de san Benedicto de Tarata, en 1790 (Porras, 1926). Como también de aquel espíritu belicoso, y altanero contra el Rey, y de los de Candarave, que en Dicha Diócesis se me revelaron en la Rebelión próxima pasada.” (Se ha respetado la redacción original). El referido eclesiástico en su primera parte da cuenta de algunas pinceladas de la vida económica y social del curato de Tarata, así como también de algunos aspectos del comportamiento religioso de su población, claro, desde la perspectiva oficial española. En este relato, con fines de control y evangelización, fue ineludible que su autor destaque de manera parcializada y muy subjetiva la participación de los pueblos de Tarata y Candarave durante el movimiento insurreccional de Túpac Amaru II, que, como se refirió líneas arriba, se produjo luego de las fiestas de carnestolendas de 1781 (25, 26 y 27 de febrero) cuando las columnas de Buitron y Ali controlaban las cuencas de Candarave y Tarata arengando las banderas del programa rebelde. El cura Juan Gonzáles no pudo ocultar en su informe su postura fidelista y contraria a los hombres que pretendía evangelizar, utilizando términos injuriantes sobre los insurgentes precursores de la independencia en Tacna.

Su extensión hacia otros pueblos de los corregimientos de Arica y Tarapacá Posteriormente, ya habiendo sucumbido Túpac Amaru en el Cusco, y mientras en La Paz se sucedían el primero y segundo sitios por obra de las fuerzas de Túpac Katari, al grupo insurrecto dirigido por Juan Buitrón se lo ubica acantonado en Tarapacá, un pueblo de un centenar de casas, en tanto que coloniales y fidelistas se refugiaban en el Puerto de Iquique y su isla, luego de abandonar las minas de Huantajaya, los centros de procesamiento de minerales de Pica y Malilla y otros lugares aledaños. En ese momento, Juan Buitrón y sus huestes constituían una de las subcorrientes del movimiento independentista indígena que colapsaba.
En una carta dirigida al alcalde Oviedo de Arica, fechada 15 de octubre de 1781 en la isla de Iquique, firmada por Cuadros, probablemente el propietario de la misma Isla, se da cuenta que "...el primer domingo de octubre (...) una partida de cien hijos valerosos de la provincia, acompañados de cien negros esclavos armados de arcabuces, pistolas y espadas, cayó por sorpresa al amanecer, sobre el pueblo de Tarapacá, hallando descuidados, sumidos en el sueño de la embriaguez a Juan Buitrón, a dos de sus tenientes y a trescientos indios armados que le formaban escolta, fuera de infinita chusma acuartelada en las casas del pueblo". La carta refiere que Buitrón ocupaba el local de la iglesia y que "...desmontando el pelotón en la plaza del pueblo, dichos asaltantes hirieron a diestra y siniestra mediante una descarga de mosquetería una barrida de indios que dormían embriagados en las diferentes viviendas y en la misma iglesia parroquial", y que luego "se apoderaron de la persona de Juan Buitrón y de la de sus dos tenientes y los colgaron con sus propias manos en sendas horras..." (Carta citada por Cúneo Vidal, Rómulo, Obras completas tomo IV, 1978). Es evidente que la embriaguez de los insurrectos ubicados en la Iglesia parroquial mencionada no respondía a un comportamiento "sacrílego" realizado "al cabo de pocos días de orgías", como se pretende hacer aparecer en la carta, si no más bien debido a los festejos a la Virgen del Rosario que por aquellos días celebraba con fervor contagiante la población devota, en el marco de un complejo contexto ideológico similar a lo que ocurre con la festividad contemporánea de las cruces. La carta indica con claridad meridiana que tal situación fue aprovechada por los coloniales para el asalto sorpresivo y masacre a la población indefensa que aún dormitaba en aquel trágico amanecer de octubre, práctica genocida que los coloniales ejecutaron con frecuencia sobre poblaciones que tuvieron por "delito" declararse libres. Recordemos solamente al tristemente célebre Coronel Carratalá, arrasador apocalíptico de los pueblos de los Andes centrales hasta "no dejar piedra sobre piedra", como fue el caso de Cangallo, pueblo indígena sobre el cual ordenó su incendio en represalia a la acción montonera; o al terrorífico general Valdez que provocó el éxodo de la población tacneña, cuando éste la amenazó con su exterminio por su colaboración con la campaña de Miller.

Significado y trascendencia de la revolución

Los hombres andinos de Tacna, junto a sus líderes Juan
Buitrón, como Ambrosio Ali son, junto a una multitud de hombres del sur andino, ínclitos precursores combatientes indígenas por la libertad. Tienen el mérito de haber impulsado la primera insurrección tacneña de proyección regional, nacional y continental dentro de la corriente del nacionalismo revolucionario indígena, cuando en Tacna distante ya el frustrado intento del mestizo moqueguano Juan Vélez de Córdova por forjar un proyecto separatista entre 1730-39, los indígenas mostraban creciente adhesión a la convocatoria de Túpac Amaru y Túpac Catari, no obstante sus limitaciones de carácter logístico. Dichos campesinos indígenas censuraron a los curacas sumisos y los sobrepasaron, llegando a comprender en el terreno de la lucha que la vía insurreccional constituía el único camino para acabar con la opresión colonial. Esa vía sería transitada años más tarde, en alguna medida, por los curacas Ara de Tacna y Copaja de Tarata; y resueltamente por Zela, Calderón de la Barca, Paillardelle y Gómez. De este modo Tacna forja su tradición de lucha por la libertad a partir de los aportes del ancestral nacionalismo revolucionario indígena. En este proceso revolucionario, que inicia la independencia en el
Perú, fueron los campesinos, que en la medida que se fue desarrollando la revolución, fueron desplazando a los otros grupos sociales consiguiendo la hegemonía y logrando imponer reivindicaciones campesinas, en claro enfrentamiento
con todo lo occidental (Emilo Choy). Ellos exigían la transformación radical de la sociedad colonial. Y como añade Alberto Flores Galindo “Las masas anhelaban la vuelta a ese Tahuantinsuyo que la imaginación popular había recreado con los rasgos de una sociedad igualitaria, un mundo homogéneo compuesto sólo por runas (campesinos andinos) donde no existirían ni grandes comerciantes, ni autoridades coloniales, ni haciendas, ni minas, y quienes eran hasta entonces parias y miserables, volverían a decidir su destino: la imagen clásica de las revoluciones populares como la inversión de la realidad, la tortilla que se voltea, el mundo al revés”.

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