viernes, 25 de agosto de 2023

EL ORIGEN DEL TOPÓNIMO TACNA

 


Efrain Choque 



Hay consenso entre las evidencias y resultados de las últimas investigaciones arqueológicas, etnohistóricas y de la lingüística andina, en señalar que Tiwanaku representa un factor gravitante en la formación de la sociedad regional desde los tiempos prehispánicos. Y que como señala Lumbreras, “en el territorio circum-Titicaca se fraguó un proceso cuya magnitud más conocida es la que se logró en tiempo de Tiwanaku”.(Ayca, 2000). Luego vinieron los procesos protagonizados por los señoríos regionales Lupacas, Collas y Pacajes, lo que fue acentuado, desde una lógica distinta por la colonia y la república.
Hay consenso también en que estos pueblos del extremo sur peruano (desde Arequipa hasta Tarapacá, pasando por Tacna y Arica), durante el imperio Tiwanaku hablaban corrientemente el idioma puquina, entre los siglos VIII al XIII, sobrepasando el límite temporal de su etapa expansiva. Esto nos permite afirmar que el poblado conocido hoy como Tacna, tiene sus raíces no en el siglo XVI (1,573) -o poco antes como lo sugieren algunos historiadores locales- en que se funda como reducción de indígenas, por obra de la acción urbanizadora colonial española; sino que tendría sus orígenes en los procesos urbanizadores y de control político-tributario Tiwanaku. Carlos Vela, muy agudo señala que la evidencia arqueológica nos lleva hasta el formativo tardío con una población asentada en la pequeña aldea El Atajo (Para), en el siglo VI (580 d.C.)
Precisamente, un estudioso de esta civilización en nuestra región, como lo fue Max Uhle, al comenzar la segunda década del siglo XX, excavó en los alrededores de la ciudad de Tacna y descubrió grandes cementerios de la época tiwanakense, aunque estos ya habían sido saqueados, como tantos otros, por los buscadores de metales preciosos.
El arqueólogo alemán exploró los terrenos del sector noroes¬te que descienden del cerro Intiorko, ocupados actualmente por el cuartel "Albarracín" y la estación del ferrocarril Tacna- Arica. Asimismo los terrenos del sector sur donde se erige actualmente: la ciudad Universitaria. En el primer sector sólo pudo rescatar fragmentos de cerámica, los cuales, sin embargo, lo llevaron identificar ceramios Tiwanaku en posesión de particulares, como una taza "pintada de negro en fondo rojo, con dos figuras de garzas andando, separadas, por líneas espirales dobles”; además un cántaro decorado con negro y blanco en fondo rojo, y con dibujos escalerados que suben y bajan. En el segundo sector encontró tumbas que descendían bajo la superficie del suelo hasta 75 cm. y 65 cm. construidas con piedras de río, a manera de celdas estrechas y cilíndricas, en cuyo interior se encontró dos momias de párvulos en cuclillas -forma característica de enterramientos Tiwanaku- cada una de ellas con ajuar compuesto por un timbal, una taza y una cuchara; además plumas coloradas y restos de tejidos.(Panty, 1988). Las investigaciones arqueológicas de reciente data (López, 1997) sugieren también la existencia de dos cementerios en Para con tumbas subterráneas de tipo fosa y cista de forma circular.
Una primera aproximación puramente lingüística (Tomado de Oré, y estudiado por Torero) para entender el término <Tacana>, nos conduce a constatar que en el vocabulario puquina se denomina <Taca> a la raíz verbal que designa el hecho de “enterrar”, y el derivativo verbal -na ('Causativo' puquina muy productivo; v. gr.,halla- “morir”, halla-na- “hacer morir: matar”, estudiado por Torero (2002). Entonces el topónimo <Tacana>, podría significar en esta primera acepción: “Lugar con muchos entierros o aposentos” o sea lugar en donde se ubican varios cementerios, como la evidencia arqueológica ha corroborado.
Pero estos cementerios prehispánicos, se ubicaban en los linderos extremos de los ayllus y parcialidades, por lo que se puede decir también alrededor de las zonas de sembríos, y que en el caso del poblado <Tacana> estaba constituido seguramente por los antiguos ayllus y que en su denominación moderna se llaman Collana, Tonchaca, Ayca, Capanique, Aymara, Silpay, Olanique, Humo. Esto nos traslada a una segunda acepción en el idioma que venimos refiriendo: “trabajar”. La raíz verbal <Taqqa> significa precisamente “trabajar” y se conformaría con el derivativo verbal -na, para significar <Tacana>: “lugar de trabajo agrícola o en sembríos”, para señalar a los terrenos cultivables de los ayllus ancestrales. Sin embargo, esta primera aproximación puramente lingüística y muy limitada requiere aún su contextualización geográfica y cultural. Y ello nos lo ofrece, en parte, el Diccionario geográfico del Perú de Germán Stiglich (1922) para la zona del antiguo Colesuyo. En este se encuentran por lo menos 10 topónimos que portan el radical <Taca>. Entre ellos Tacahuai (costa de Ite, donde se forma un morro, ubicado entre la punta Picata y la punta Icuy), Tacalaya (Nacientes del río Locumba de donde se derivan aguas para la quebrada de Sinto), Tacagachi (en la quebrada de Carumas), Tacaupo (Cotahuasi, provincia La Unión)), Taca (Punta en el península de Huata, pertenece a Conima, Huancané, antiguo sector Puquina), Tacahuarcay (Nevado en Chuquibambilla), Tacahuasi (Cerros en la cabeceras del río Soco). Una deducción primera nos puede conducir a relacionar a un lugar ubicado entre dos morros, cerros, o puntas del litoral, pero también a unas suaves quebradas en la zona interandina y altoandina (Tacagachi, Tacahaurcay). Y esto nos dirige a pensar que el antiguo valle en donde se ubicó -y ubica- el tradicional poblado Tacana está flanqueado por los cerros Intiorco y Arunta, lo que nos aproxima al significado semejante de Tacahuai o Tacabaya, expresión genuinamente puquina, que designa un lugar de suave quebrada del litoral ubicada entre dos cerros o puntas.
Volviendo al aporte lingüístico, y, aunado a él, la contribución etnogeográfica de Stiglich, tenemos ya una segunda aproximación; y podemos postular que el topónimo <Tacana> significaría un lugar entre dos cerros de suave elevación, pero que en el caso del valle local al que nos estamos refiriendo, coincide con que el dicho lugar es de sembríos productivos y donde muy cerca de las faldas de sus cerros se ubican algunos cementerios.
Los historiadores de la tradición liberal en Tacna – Cúneo Vidal, Dagniño, Zora, entre otros, – al partir de la idea errónea que Tacna fue ocupada desde “tiempos remotos” por los reinos aymaras, no pudieron comprender que los estos reinos – y sobre todo, el sector Lupaca- arribaron a los valles yungas, de antigua tradición cole o puquina, recién 300 ó 400 años antes que llegaran los españoles. Es cierto que esta tradición liberal no conoció que el impero Tiwanaku (siglos VIII-XI o años 700 d.C. a 1, 000 d. C. ó ,1100 d.C.) no tuvo raigambre aymara o colla-aymara. Hoy las investigaciones etnohistóricas y la lingüística andina señalan que recién a partir del siglo XIII, el idioma aymara ingresa a la meseta del Titicaca, con hombres encargados de la caída del gran imperio, y a partir de entonces los puquina-hablantes se socorren en el litoral ya del Titicaca y valles yungas llamados después del Colesuyo (Moquegua, Tacna, Arica y Tarapacá) en la persecución e imposición del nuevo régimen de los Estados o señoríos locales aymaras con vigencia en los años 1,100 d. C -1,475 d.C. (Bouysse-Cassagne, 1987, 1992; Espinoza Soriano, 1987; Cerrón-Palomino, 2012).
Fue en ese entender que Cúneo- Vidal sostiene que el topónimo <Taca> es una contracción del término aymara <Tacana>, y que, Cavagnaro añade, que así como al inicio de la Colonia se llamó “Chácara”, por economía de su uso, se llamó después “Chacra”, de la misma forma <Tacana> pasó a formarse en <Tacna>.
Las referencias escritas más antiguas del topónimo <Tacana>, las tenemos en la provisión de la encomienda a favor de Pedro Pizarro del 20 de noviembre de 1538: “…en el pueblo de Tacana el cacique Istaca”; Igualmente en la entrega del título de merced de la chacra Coyluna (2-9-1560) otorgada a Pedro Pizarro por el Cabildo de Arequipa se dice “y dar veinte hanegas e sembradura abajo del ajial de Tacana, que son tierras baldías y montuosas, que se llaman Rolonia e Vitoria”(GUÉRIN, 1989). Luego en 1588 en un Memorial dirigido por el cura doctrinero de Aullaguas al rey Felipe II se dice “En un pueblo que se dice Tacana nueve leguas del puerto de Arica” (Álvarez, 1588). Dagnino (1909) encontró la evidencia documental en los archivos de las Cajas Reales de Arica en donde el 30 de marzo de 1612 “aparece por primera vez este pueblo escrito Tacna y bajo la advocación de San Pedro”.
Para el padre jesuita Ludovico Bertonio (1612), quien hizo un esfuerzo encomiable para reconstruir el vocabulario aymara en su versión Lupaqa del siglo XVII, encontró que el término <Taca> y pluralizado en <Tacataca> servía para designar al platero y herrero, seguramente fue una voz onomatopéyica por el sonido que representa. Hay en este texto dos términos más cercanos a <Tacana> pero con significado disímil: <Taccanaui>: “Continuadamente”, y <Thaccanitha>: “Ir a buscar”. Aquí hay al parecer un radical aymara <Tacca>, pero con significado diferente a las raíces puquinas para el mismo término.
Luego, en el texto de Bertonio no hay además una referencia directa a alguna raíz verbal aymara para designar unos sembríos en andenes o graderías escalonadas, como lo sugiere Rómulo Cúneo-Vidal. En todo caso, en el lugar que ocupó el poblado prehispánico de Tacna, no hay suaves graderías; por lo que este autor dijo encontrarse en la “Llacta” o pueblo de Pachìa. La andenería o las terrazas son designadas como <Paterías> en el diccionario de Bertonio.
Si es cierto, que en el quechua del siglo XVI, el término <Tacana> designaba indistintamente al mazo, martillo, yunque, como lo registra Domingo de Santo Tomás, en su Lexicón o vocabulario de la lengua general del Perú, de 1560. Esto, ya Carlos Auza Arce, lo afirmó en la década de 1950, pero no acertó en que la voz <Tacana> fuera común al quechua y al aymara.
Algunos actuales estudiosos del aymara local, utilizando los verbos <Taqhaña> (buscar) intentan encontrar una aproximación al significado que analizamos, ya que consideran que el término <Takana> “arroja una etimología vaga”. Esto sucede, precisamente, pues, como postulamos al inicio, <Tacana> no es término quechua ni aymara sino una voz proveniente del idioma puquina.
Un comentario muy crítico del eminente lingüística Rodolfo Cerrón- Palomino, respecto a esta discusión, señala que no descarta una raíz puquina para el término <Tacana>, pero que deben producirse más investigaciones. En todo caso adelanta el siguiente juicio:
“Por lo demás, seguimos en ayunas respecto de una verdadera documentación antigua del nombre. Hay que seguir revisando los archivos. Gracias a este tipo de fuentes, por ejemplo, hoy sabemos que <Moquegua> proviene de <Muqui-guaya>, y gracias a este hallazgo los topónimos terminados en <gua> tienen que remontar ca <huaya>, comenzando por <Collagua>, que fue con seguridad <Colla-guaya>, etc. De paso, los argumentos de Cúneo Vidal y de Cavagnaro para sostener que hubo una contracción de <Tacana> en <Tacna> son absurdos, pues la cosa fue al revés, por razones de estructura silábica castellana: <chacra> y <Tacna> devinieron en <chacara> y <Tacana>, como muchos nombres de origen quechumara (recuerda, por ej., el caso de <lucuma> en lugar de <lucma>).
Finalmente, según los diccionarios aimaras de la zona, <Tacna> se pronuncia como /thajna>, es decir con una /th/ aspirada inicial y con una <j>, que no es "fuerte", es decir, que no es /x/. Esto nos quiere decir que: (a) la /th/ surge como compensación del debilitamiento de la <c>; y (b), que esta <c> tiene que haber sido /k/ y no /q/, porque entonces tendríamos /thaxna>. Estamos seguramente ante una pronunciación aimara del nombre, que a su vez pasa al castellano. ¿Significa esto que estaríamos ante una raíz */takna/ libre de todo sufijo? ”
El conocimiento está abierto, y hay mucho que discutir al respecto.
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FUENTE: Efrain Choque. Historia de Tacna, Una síntesis histórica de sus pueblos. Perugrafica. Tacna, 2016.
Leyenda del mapa
En mapa ofrece una versión restringida del área Puquina postulada por Torero (2002), entre Arequipa y Tacna; pero una versión más amplia –de Arequipa hasta el sur de Arica- la ofrece Bouysse-Cassagne (1992) al citar una carta de Alonso de Barzana de 1593 dirigida a Juan Sebastián "provincial de la Compañía de Jesús y Las Provincias del Perú", en donde se lee:”(…) no obstante existir “más de cuarenta o cincuenta pueblos” de habla puquina, “tanto en el Collao, como en Arequipa, y sobre todo en la costa de la mar hacia Arica y aun hacia otras costas”, no tuvieran predicador, pese a que para entonces se había "trabajado y reducido la lengua en arte y se ha[bía] escrito un confesionario y un vocabulario y una doctrina”.


MAPA IDIOMATICO ANCESTRAL.