sábado, 25 de septiembre de 2021

VIDEO BASTON GUARDIA INDIGENA NASA

José Saramago: ¿Cómo sería la historia de América escrita por los indígenas?

 A propósito del derribamiento de la estatua del conquistador español Sebastián de Belalcázar, publicamos un fragmento del discurso “El lado oculto de la luna”, sobre la identidad iberoamericana, leído en 2007 el Encuentro Internacional Becas Líder en Cartagena, Colombia.

José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, nació en 1922 en Portugal y murió el 18 de junio de 2010 en España.

El otro lado de la luna, es el título de mi reflexión en voz alta. Hemos visto un lado, la parte siempre visible, el continente rico y contradictorio en que estamos y que, a mi entender, necesita un nombre distinto del que le ha sido dado. ¿Por qué? Porque está la parte oculta, la parte que no aparece al no ser denomina: esa es la importancia capital del nombre, que puede mostrar pero también ocultar. Decir Iberoamérica es seguir ignorando la existencia de la cara oculta de este continente. Me perturba mucho este asunto, no saben cómo… ¿Dónde están los indios? Los pueblos indígenas son también iberoamericanos?

El otro lado de la luna, es el título de mi reflexión en voz alta. Hemos visto un lado, la parte siempre visible, el continente rico y contradictorio en que estamos y que, a mi entender, necesita un nombre distinto del que le ha sido dado. ¿Por qué? Porque está la parte oculta, la parte que no aparece al no ser denomina: esa es la importancia capital del nombre, que puede mostrar pero también ocultar. Decir Iberoamérica es seguir ignorando la existencia de la cara oculta de este continente. Me perturba mucho este asunto, no saben cómo… ¿Dónde están los indios? Los pueblos indígenas son también iberoamericanos?

El guatemalteco que procede y se reivindica de una etnia anterior a la llegada de los pueblos ibéricos ¿es también iberoamericano? ¿Y por qué, en un encuentro en que, entre otras cosas, se habla de la identidad iberoamericana, no se habla también de las otras identidades que conforman el continente? ¿No tienen el mismo nivel cultural? ¿O será que no tienen el mismo nivel económico? No sé si hay aquí indios, indígenas con conciencia clara de serlo.

No hablo del mestizaje, otro concepto que habría que revisar, que ha producido algunas salidas, no hablo de indios aculturados, con una situación económica razonable. No hablo de ellos, hablo de los millones de hombres y mujeres que han sido y son ignorados sistemáticamente. Incluso no entiendo que no se hable de los pueblos indígenas en este encuentro, que ni la palabra indio haya salido hasta ahora, pese a estar donde estamos, que no es Bruselas.

¿Cuántos millones de indios quedan? A veces digo, no con autoritas, sino con cierto espíritu romántico, mejor dicho, con el espíritu característico del romanticismo, que los indios eran los dueños de la tierra. Cuando aquí llegó Colón y cuando a Brasil, a lo que después se llamó Brasil, llegó Pedro Álvares Cabral, encontraron gente y culturas, algunas de ellas muy avanzadas. Había idiomas, había literatura, aunque en algunos casos solo se expresara oralmente, pero el cuento, aún no escrito, es ya una manifestación literaria. (Lea una entrevista de El Espectador a José Saramago).

¿Qué hemos hecho? ¿Qué hacemos? O mejor, ¿qué pueden hacer ustedes? Como ven, yo no puedo hacer nada más que preguntar. Sorprendido, asombrado, perplejo. ¿Por qué se olvidada, se ignora, a los indios, a los indios de Colombia, que están aquí, al lado de esta sala, en la puerta? A los de Guatemala, que son el 50% de la población. A los de México, que son millones... ¿Qué harán con ellos, con esa gente? ¿Seguirán habitando la cara oculta de la luna?

Claro que la palabra mágica es integración. Pero integrar ¿cómo? porque la palabra mágica no es suficiente para producir magia. Y la integración, para ser auténtica, debe ser una inter-integración. Yo me integro en ti y tú te integras en mí, pero no es en esto en lo que pensamos cuando decimos “integración”.

Seamos sinceros: si aplicamos la palabra, y el concepto que la palabra encierra, a los indios de América, de esta América, me gustaría saber qué integración estarían dispuestas a conceder las clases privilegiadas y dominantes, qué parte de los indígenas iban a reclamar como propias. Me temo que ninguna, que integración significa que “ellos” se incorporen a los valores dominantes. O sea, a puesto que no habrá integración, y lo sabéis, en el sentido de inter-actuación, a los indios no les quedan más que dos alternativas: desaparecer y, por así decir, limpiar el terreno, que más o menos es la idea que tiene, por ejemplo, Israel con respecto a los palestinos, sencillamente espera que se acaben y está haciendo todo para que eso ocurra, que adopten los modos y las maneras hegemónicas. De integración y de mestizaje, nada, simplemente drástica imposición, aunque sea hacha a través de sutiles maneras. (Lea una entrevista de El Espectador a Pilar del Río, escritora y presidenta de la Fundación José Saramago).

¿Porqué el indio se convirtió de dueño de la tierra en siervo de la tierra? ¿Cómo la tierra pasó de unas manos a otras?. Sabemos que los norteamericanos para resolver eso encerraron a los pieles rojas a reservas. Que es otra forma de acabar con el problema, que antes se me escapó. Aunque de alguna manera los indios de aquí, sus pueblos, donde ellos están, son reservas, reservas sin la grandeza que tuvieron otras reservas, para tener mano de obra barata, reservas para ser ignoradas. Para nosotros todavía viven en lo que llamamos Edad Media, aunque ellos tendrán otra visión, porque la apreciación del tiempo en esas cabezas, en esas inteligencias y en esas sensibilidades, seguramente es distinta de la nuestra. Para nosotros ellos creen que el tiempo está inmóvil, está detenido. Quizá están contando sus víctimas o preguntándose cómo ha sido esto posible, que sunami los despojó de todo, tantas veces y para tantos, no solo de su identidad sino, incluso, del su propia autoestima.

La pregunta que os dirijo, como estudiosos aventajados, es ésta: cuántos millones de indios existen desde México hasta el sur del Sur. Cuántos mapuches, por ejemplo, sean de Argentina, sean de Chile... A los de Chile, parece que les queda menos del diez por ciento de su territorio histórico. El resto les ha sido robado por grandes multinacionales. Por ejemplo, tanto en Argentina como en Chile, Benetton es propietaria de territorios que son como países. Los indios han sido saqueados y, ahora, a los que protestan, se les aplica una ley antiterrorista aprobada en Chile.

Hay personas que no pueden decir: «Esto es mío», y hay firmas, empresas, terratenientes que sí pueden afirmar, sin que les pase nada “Esto ahora es mío”. Y si alguien pretende restituir la propiedad de la tierra, diciendo, «No, no era tuyo y ya tampoco lo será», si dicen: «Me lo robaste, quiero que me lo devuelvan», ésos serán acusados de alterar el orden y recaerá sobre ellos el peso de la ley. No sobre los que se instalan en beneficio propio, con las leyes que ellos han declarado santas, o sea, las leyes del mercado.

Por supuesto, no propongo que ni las ciudades ni las regiones que fueron emblemáticas de los mapuches les sean devueltas a los descendientes, a los tataranietos de aquellos que vivían entonces aquí. No es eso, ni se trata de eso, porque no es posible. Sencillamente, lo que se debería hacer es buscar fórmulas de no dejarlos atrás y de no dar pretextos para situaciones terribles como las que viven, carnicerías tremendas contra los pobres, exterminios de pueblos sin que eso sea noticia. Porque el indio no es noticia. Uno abre un periódico cualquiera y una parte importante, aunque sea una minoría, no forma parte de la realidad que los medios retratan.

Es curioso que ahora que andamos preocupados con la protección de las minorías, incluso de las minorías políticas, y queremos que estén representadas en el parlamento para que la diversidad ideológica y política del país encuentre ahí su retrato, su radiografía, esta minoría mayoritaria que son los indios esté tan ausente de los medios. De los indios no se habla, salvo para un suceso que mal se explica. Y si no hablan ustedes, si no empiezan a hablar de los indios, se está haciendo algo muy grave, porque es considerar que una parte de la población no merece ni un esfuerzo para sacarla de la miseria, de la humillación a que ha sido empujada.

Recordad que esos pueblos llevan cinco siglos de humillación. Les robaron sus idiomas, les robaron sus creencias, les robaron su tierra, les robaron sus dioses. Les robaron todo, todo, todo, todo. No tengamos ninguna ilusión: lo que ocurrió fue una extorsión, un robo montado con eficacia y acompañado de la imposición de una nueva religión que, casualmente, es una religión también de humillación, de negarse a sí mismo. Hay algo de maquiavélico en todo este proceso que ya lleva, se arrastra, quinientos años.

Y, por favor, como ya somos mayores, no repitamos algo que sabemos que no es cierto, no hubo ningún encuentro de civilizaciones, los indios de ninguna parte se metieron en sus barcos, en sus canoas para cruzar el Atlántico y, por una casualidad extraordinaria, encontrarse en su ruta a Colón o a Álvares Cabral. Aquí llegaron las naos o las carabelas que traían, entre otros, a dos personajes importantísimos: el fraile y el soldado. El fraile ponía el pie en tierra y decía: «Vuestros dioses son falsos. Yo traigo conmigo el verdadero Dios». Olvidad por un momento el imperdonable pecado de orgullo que es decir: «Yo traigo conmigo el verdadero Dios», y que ha tenido como resultado una aculturación violenta, en todos los aspectos, aunque es cierto que los guatemaltecos, por lo menos, en un viaje que hice vi que hacen de las iglesias un uso que no es canónico, porque se sientan en el suelo, encienden unas velas en el suelo, no le dan ninguna importancia al altar, o a lo que pasa allí arriba, y es en el suelo dónde hacen sus rezos. No sé qué están rezando. Todo esto debería merecer un enorme respeto.

Pero, decía, que llegaron el fraile y el soldado. Y cuando el fraile decía “traigo al verdadero Dios”, el soldado ya estaba preparando el arma, y enarbolando la bandera de conquista. Detrás, con menos aparato simbólico, estaba el recaudador y el mercader: ellos no se exponían, pero eran los que contaban los beneficios. ¿Dónde está el encuentro?

Ocurre que hay descendientes de aquellas primeras civilizaciones. Y ocurre que esos hombres y mujeres, dispersos e inorados por los medios, pero con idiomas propios, con usos, con tradiciones, con ignorancia de cosas y con sabiduría de otras, pobres, humillados, muchas veces vencidos, otras no, esos hombres y mujeres también son americanos. Así lo ha querido la historia, pero son americanos invisibles o por lo menos así me lo parece y, desde luego, en este encuentro no han aparecido como sujetos de nada, ni de su presente ni de su destino.

A mí me parece que hay que hacer algo, que no podemos ser habitantes de una especie de segundo país, porque se razona, entre nosotros, aquí, por lo que he oído, como si los becarios, y los invitados fuéramos de otra galaxia, como si todos los que estamos aquí fuéramos universitarios norteamericanos o europeos o de cualquier parte del mundo que no tiene una comunidad tan importante reducida a la condición de anécdota.

Se les ha olvidado el indio. Y eso es grave. Es grave porque, si se nos olvida una vez, podemos corregirlo, pero si se olvida una vez y dos veces y tres veces, porque los indios han sido olvidados todos los días que empezaron en el 1500, hasta el día de hoy, entonces la caso va mal, muy mal, es como si no hubiéramos avanzado en derecho internacional, como si no se hubiera abolido la esclavitud, al menos legalmente.

Hace un tiempo que vengo diciendo, con algunas sonadas divergencia, que el futuro de América, de esta Nuestra América, o América del Sur dependía mucho de la emergencia de los pueblos indígenas. De la emergencia de los pueblos, o sea, emerger desde el fondo y aparecer a la luz del sol. Porque una América que recuperase su identidad primera en la figura de esos indios, de esas personas, sería seguramente distinta. Porque puede ocurrir, y no es una acusación malvada, es una provocación, como mucho, que ciertas clases que se consideran hegemónicas, ciertos comportamientos “líderes”, no sean más que copias de formatos europeos o norteamericanos. Y no hay nada peor que ser copia de…

Está faltando el indio. A lo mejor les asombra lo que este señor mayor, europeo, desde lo alto de la tribuna está diciendo. Pues lo repito: está faltando el indio. Y esto es terrible, es como si una clase social, una clase social ya integrada, un sector de la clase media, por ejemplo, fuera, por razones inexplicables, excluido, segregado de la comunidad nacional. De producirse un hecho así enseguida se mostraría la protesta e indignación: «No puede ser», se diría. Y con toda la razón.

Pero los indios están excluidos y segregados desde hace 500 años. Tienen una oportunidad ahora, una doble oportunidad: ayudarlos a que se salven del exterminio, ayudarse a ustedes mismos a salvar su propia dignidad de ciudadanos que no transigen con a barbarie heredada. Quizá la aportación de esta gente, en las distintas edades o grados de desarrollo, con sus valores, algunos tan interesantes, puedan realmente cambiar América.

Porque América necesita ser América y no dirigir su mirada a los países de Europa o a Estados Unidos, que siendo América, tiene otra tradición y otros valores. Ustedes son otros, son distintos; no quieran ser idénticos a nadie más. La identidad de América del Sur tiene que pasar por la aportación, por una recuperación del otro, del indio. Aquí nunca se dijo que el mejor indio era el indio muerto, aunque se le matara. No reivindicamos al otro por una moda literaria, no es el indigenismo y todo eso lo que nos mueve.

No, es el simple y urgente sentido de justicia y, quizá, la necesidad, que no sé si será compartida, de incorporar al otro a nuestras vidas. Como personas puede ser que no se sienta esa necesidad, pero el continente americano del sur necesita esa sangre, necesita a esa gente para estar completo. No se olviden. Porque olvidarse una vez más de la cara que la luna ha querido ocultar sería una infamia y ya es hora de acabar con la infamia de cinco siglos de extorsión y de humillación.

Hay una escritora mexicana, Rosario Castellanos, que es imprescindible leer. En estos países de América del Sur no han faltado escritores que han mirado al indio, al indígena, aunque eso, en el fondo, no actuara como revulsivo porque la sociedad encuentra siempre antídotos para las personas, intelectuales en este caso, que dicen cosas molestas para la conciencia de cada país. Esta mujer, Rosario Castellanos, escribió libros interesantísimos. Era de una familia rica, una de las grandes fortunas de Chiapas y de toda esa región oriental de México, pero ella, observadora, escribió un libro, una obra, sería mejor decir, en el que queda claro que la humillación a la que sometieron al indio, a lo largo del tiempo, ha sido una vergüenza. Hablo, por ejemplo, de “Ciudad real”, un monumento literario y humanista, que recomiendo que lean. La gente de San Cristóbal, o sea, de Ciudad Real, vivía sin darse cuenta de lo que estaba pasando, creía que ese era el orden natural de las cosas, la voluntad del Dios de todos, pero, como siempre ocurre, cuando se es Dios de todos, se es más Dios de unos que de otros. Y era el Dios de los ricos, sobre todo y como siempre.

No quiero complicarle demasiado la vida a nadie, pero me gustaría que ésta fuera para fuera una noche de insomnio. Y me gustaría aún más que sobre el tema de la cuestión del nombre, que sea iberoamericano o no, en el fondo no tiene mucha importancia, aunque me parece que debe de merecer la atención de quienes aquí viven, me gustaría, decía, que se sienten juntos portugueses, españoles, hondureños, lo que sea, de todos los países que aquí están representados, para contestar a esta pregunta «¿Qué es lo que nos ha pasado que hemos olvidado al indio?» y ojalá que se alcanzaran algunas conclusiones. Y que ese debate se integre en la cotidianidad, ese debate o esa toma de conciencia, en la acción futura.

Quizá en el futuro, alguno de los líderes que hoy están en esta sala, aunque por el momento becarios, cuando llegue la ocasión, si llega, de ser realmente líderes políticos o empresarios, piense en esto que nos ocupa. Supongo que ustedes trabajan para ser dirigentes en los dos mundos del poder, para ser empresarios o políticos, que son las dos carreras que están abiertas. A los empresarios puede que no les importe mucho esta cosa del indio, pero si se dirigen hacia la política, si efectivamente tienen un escaño en los parlamentos de cada país, háganme el favor de corregir este desatino, esta injusticia. Que no es una injusticia histórica, es un crimen histórico.

La historia siempre la escriben los vencedores. Imaginen como sería la historia de América, de esta Nuestra América, escrita por los indígenas, por los indios ¿Cómo sería? Cinco siglos después quizá ya sea el momento de volver al sentido común. O de imponerlo, frente a los intereses que no están llamados para ser árbitros de nada, después de haber sido parte abusiva de todo. Es la hora de que veamos la luna en todo su esplendor. No la tapen, por favor.

* Para más información visite la Fundación José Saramago: https://www.josesaramago.org/

https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/jose-saramago-como-seria-la-historia-de-america-escrita-por-los-indigenas-article/?fbclid=IwAR2hDMvTftMmX7XQq43tHmt6qhNLxMsZSditenoQN3PN_URZ7anuYDlStkI


viernes, 24 de septiembre de 2021

JEFES NATIVOS DE AMÉRICA

 GERÓNIMO.

Gerónimo, el líder apache más temido
Uno de los líderes apaches más famosos se convirtió en la pesadilla de los gobiernos de México y Estados Unidos durante años, organizando revueltas y escapando constantemente de sus perseguidores. Al final, cansado y enfermo, acabó sus días en una reserva y convertido en una celebridad.
Josep Gavaldà
Actualizado a 17 de febrero de 2020
En febrero de 1909, Gerónimo, el último jefe indio en resistir a las fuerzas norteamericanas, cayó de su caballo a orillas del río Lawton, en Oklahoma. Aquella helada noche la pasó sumergido en el agua y el 17 de ese mismo mes fallecía a causa de una pulmonía.
UN TEMIDO CHAMÁN
Gerónimo nació el 16 de junio de 1829 en un campamento cercano al río Gila, que por aquel entonces formaba parte del territorio de Sonora, en México. Bautizado en su lengua nativa como Goyaalé, "el que bosteza", ha pasado a la historia como Gerónimo. Algunos sugieren que el nombre surgió como una mala pronunciación por parte de los mexicanos de su auténtico nombre indio. Los apaches bedonkohe, una de las cuatro tribus principales de los chiricahuas –al igual que sus parientes chokonen, chihenne y nedni,– eran ya en aquel entonces una población prácticamente sedentaria que se dedicaba a cultivar judías, maíz y patatas. Esporádicamente realizaban algunos robos –apachu significa enemigo en lengua zuñi, y de ahí deriva el nombre que les pusieron los españoles–, pero generalmente sus relaciones con los mexicanos eran pacíficas.
Los apaches bedonkohe eran ya en aquel entonces una población prácticamente sedentaria que se dedicaba a cultivar judías, maíz y patatas.
Quienes le odiaban y temían creían firmemente que Gerónimo poseía atributos místicos, entre los que destacaban que era capaz de hacer encasquillar los rifles de sus enemigos y que hacía inmunes a las balas a todos aquellos que cabalgaban junto a él. Creían que era un hombre "medicina" (medicin man), un adivino, un experto en hierbas y en curación que no luchó contra los "pieles blancas" por apego a su tierra, como los miembros de otras tribus indias, sino para vengar la muerte de su madre, de su primera esposa y de sus hijos a manos de los mexicanos en Sonora.
CAMPO DE ACTUACIÓN: MÉXICO
La principal diferencia entre Gerónimo y otros célebres jefes indios como Toro Sentado o Caballo Loco fue su campo de actuación, que en su caso fue México, en torno a la Sierra Madre, más que al territorio estadounidense. De hecho, su enemigo por antonomasia fue el ejército mexicano, del mismo modo que para los apaches del sur lo fueron los españoles. La sociedad chiricahua estaba dividida entre los que colaboraban con el ejército norteamericano (que eran la mayoría) y los que llevaban una vida depredadora: saqueaban y robaban ganado para luego esconderse en las estribaciones de la Sierra Madre. En este segundo grupo se encontraba Gerónimo, que era considerado un paria por la mayoría de sus compatriotas, y en la reserva de San Carlos, donde acabarían confinados, contaba con pocos partidarios.
En 1861, el ejército de Estados Unidos comenzó una guerra contra Gerónimo con la intención de acabar con él y sus incursiones. Para lograr su objetivo, durante diez años las tropas norteamericanas perpetraron atrocidades de todo tipo contra las poblaciones apaches. En supuestas reuniones de paz, el ejército de EE. UU. asesinó a sus caudillos y les impuso como condición para poder salvar sus vidas la reclusión de su tribu en reservas.
CONFINADOS EN RESERVAS
En 1871, el jefe apache Cochise aceptó rendirse y su pueblo fue confinado en cuatro reservas situadas en Nuevo México y Arizona. Aquella "paz" duró poco ya que en 1877 las autoridades norteamericanas dieron la orden de trasladar a los apaches a la reserva de San Carlos. Aquella decisión también enviaba un mensaje a Gerónimo que acudió a parlamentar. Sin embargo, no se respetó la tregua: los soldados estadounidenses lo atraparon, cargaron de cadenas y encerraron en una prisión militar durante cuatro meses. De allí salió sólo para ser trasladado a la reserva de San Carlos, junto con sus compatriotas.
El 30 de septiembre de 1881 hubo una sublevación en la reserva ante el miedo a una supuesta operación para arrestar a los elementos más beligerantes. En aquella revuelta, 375 apaches, entre ellos 74 guerreros, escaparon de San Carlos y sembraron, con Gerónimo a la cabeza, el terror allí por donde pasaron. Instalado en la Sierra Madre, Gerónimo buscó la manera de liberar a los que se habían quedado en San Carlos. Para ello propuso una expedición para sacar de allí a los descontentos, que en realidad eran una minoría, y robar de paso todo el ganado que pudieran. El 16 de abril, el líder apache atacó la reserva al grito de: "¡Cogelos a todos! ¡Disparar a todo aquel que se niegue a venir con nosotros!". En realidad, muchos de los 179 apaches chihenes "liberados" que se vieron obligados a partir con el grupo de Gerónimo lo hicieron a punta de rifle. En aquella época, los apaches llevaron a cabo la más violenta razia de su historia.
En 1881, en una sublevación de la reserva de San Carlos, 75 apaches escaparon y sembraron, con Gerónimo a la cabeza, el terror allí por donde pasaron.
UNA PERSECUCIÓN INTERMINABLE
Durante los años siguientes, el escurridizo Gerónimo esquivó a mexicanos, estadounidenses y a cuantos cazarrecompensas se cruzaron en su camino. En mayo de 1883, el Gobierno de EE. UU. ordenó realizar operaciones en México, sin contar con la autorización del Gobierno de aquel país, para dar caza a los saqueadores. Una interminable hilera de exploradores apaches se ofreció a unirse a la captura de Gerónimo, que finalmente fue cercado por el general Crook en la Sierra Madre.
En mayo de 1883, el Gobierno de EE. UU. ordenó realizar operaciones en México, sin contar con la autorización del Gobierno de aquel país, para dar caza a los saqueadores. Finalmente, Gerónimo fue cercado por el general Crook en la Sierra Madre.
Crook prometió tratar como amigo al líder apache si se rendía y le acompañaba a Estados Unidos de forma pacífica, a lo que Gerónimo, temeroso de que llegaran los mexicanos, accedió. Con las raciones de comida bajo mínimos y sin la capacidad de hacer tantos prisioneros, a Crook no le quedó más remedio que confiar en la palabra dada por el caudillo apache.
Españoles y comanches, la guerra en Nuevo México
Pero en una cosa sí tenía razón Gerónimo. Los mexicanos estaban muy cerca. En enero de 1883, éstos sorprendieron a uno de los lugartenientes de Gerónimo. En la escaramuza murieron 14 hombres y numerosas mujeres fueron capturadas, entre ellas una esposa del líder indio. Como consecuencia, el general Crook esperó a Gerónimo durante meses, e incluso en el Congreso estadounidense se llegó a debatir con sorna si no sería Crook el que había sido capturado y no al revés. No fue hasta finales de 1883 cuando Gerónimo, sin escapatoria en México, apareció por sorpresa en la reserva de San Carlos.
NUEVA REBELIÓN Y DECADENCIA FINAL
Durante algún tiempo, Gerónimo dio algún que otro problema en la reserva debido a su adicción al alcohol. Cansado de aquella vida y de las prohibiciones del "Gran Padre Blanco" (como los indígenas llamaban al Gobierno estadounidense), el líder organizó una nueva revuelta y huyó con un pequeño grupo de partidarios. Sorprendido en la Sierra Madre occidental, por un grupo de soldados estadounidenses que habían realizado otra incursión ilegal en terriotorio mexicano, Gerónimo y sus lugartenientes prometieron verse con Crook en la frontera. El 25 de marzo de 1886 fueron fieles a su cita, aunque lo hicieron. El general permaneció con gesto pétreo y se limitó a lanzarles un ultimátum: "O se rinden o les mataré aunque me lleve 50 años". A lo que Gerónimo respondió: "Me entrego. Una vez fui como el viento. Ahora me entrego ante ti, y eso es todo".
La rendición final de Gerónimo y su reducido grupo se consiguió sólo gracias a los chiricahuas que permanecieron fieles al Gobierno.
Al final, como apuntó Crook, "la rendición final de Gerónimo y su reducido grupo se consiguió sólo gracias a los chiricahuas que permanecieron fieles al Gobierno". Gerónimo todavía viviría 23 años más, reasentado como un pacífico granjero en Fort Sill, Oklahoma. El mito del gran jefe Gerónimo proviene de esa época, cuando el antiguo caudillo empezó a ser invitado como si de una gran celebridad se tratase a ferias y festivales dedicados al Viejo Oeste. En 1905, incluso participó en el desfile inaugural del presidente Theodore Roosevelt y dictó su autobiografía en términos exagerados y casi legendarios. Gerónimo nunca renunció a sus creencias apaches ancestrales.
Coyote solitario.


jueves, 23 de septiembre de 2021

Lakota: Los últimos indios americanos - Documental de RT

Esta Es La Tribu Nativa Americana Más Poderosa De La Historia


La nación Comanche fue la más poderosa de América y una de las fuerzas de combate más eficaces de la historia. Lucharon contra numerosos enemigos y solo fueron derrotados a finales del siglo XIX. Esta es la historia de la tribu nativa americana más poderosa de la historia. La imagen popular de los nativos americanos del siglo XIX los muestra como guerreros invencibles que viven su vida a caballo. Aunque los comanches hacen honor a esta imagen, no siempre fue así. Empezaron como cazadores-recolectores nómadas que se desplazaban para seguir a sus presas. En muchos aspectos se quedaron atrás respecto a sus compañeros. Mientras el Imperio Azteca construía ciudades increíbles y los iroqueses desarrollaban una sofisticada civilización, los comanches no construían nada. Tampoco eran buenos guerreros. Pero todo eso cambió a finales del siglo XVII, cuando los comanches conocieron al caballo. Los españoles introdujeron los animales a los comanches, pero la tribu demostró saber cómo dominarlos y cómo utilizarlos para la fuerza militar. En el transcurso del siguiente siglo, la nación comanche se transformó en un imperio dominante y agresivo de guerreros, y todo se debió a su capacidad para domar, entrenar, montar y luchar a caballo.

ESPELUZNANTE. Fernando Túpac Amaru Bastidas sufrió lo que ningún niño ha sufrido jamás en Perú.

MAPA IDIOMATICO ANCESTRAL.